La respuesta es enfáticamente, no. No pudo haber caído. Si Jesús hubiera caído, entonces, usted y yo no podríamos tener un seguro Salvador, de ninguna manera. Entonces, si no pudiera haber caído, ¿fue legítima y genuina Su tentación? Bueno, tenemos que decir que Su tentación fue mucho más grande que cualquier tentación que usted y yo jamás hayamos experimentado.

Cuando se fabrica un nuevo modelo de automóvil ya sea este un Chevrolet, o Ford, o Dodge, es probado minuciosamente. Ahora, en cuanto a las piedras preciosas, cada diamante genuino es probado para demostrar que no es falso. El Señor Jesucristo fue probado para demostrar que Él es exactamente lo que dijo que era.El Dr. J. Vernon McGee, contaba que cuando era un niño vivía en el occidente del estado de Texas en los Estados Unidos. El ferrocarril Santa Fe pasaba por su pueblito, pero nunca paraba allí. Cerca de ese pueblito había una confluencia fluvial, y la Cía. Santa Fe tenía un puente que cruzaba esa corriente. En el verano sólo había suficiente agua en el río, como para uno apenas mojarse los pies. En el invierno, sin embargo, podía flotar allí un acorazado. Pero, durante un invierno, hubo una inundación que se llevó el puente del ferrocarril Santa Fe. Después que reconstruyeron el puente, – continuaba el Dr. McGee – pusieron un día dos locomotoras grandes sobre el puente. Decía él que había allí más silbidos y pitidos como nunca antes se había escuchado, y por tanto, todo el pueblo salió a ver lo que pasaba. Un ciudadano valiente preguntó al ingeniero: “¿Qué es lo que hace?” La contestación fue: “Estamos probando el puente”. El ciudadano comentó: “¿Qué quiere decir con que están probándolo? Acaso, ¿no están tratando de destruirlo con esas dos locomotoras encima?” El ingeniero contesto: “Claro que no, estamos probándolo para demostrar que no es posible destruirlo”.

Permítanos decirle que esa es exactamente la manera en que el Señor Jesucristo fue probado. Su tentación probó que no lo podían destruir. Su tentación fue mucho más grande que las nuestras. Nosotros tenemos un límite de lo que nos es posible llevar. Si me dan la suficiente tentación, simplemente sigue creciendo la presión, y al fin sucumbiré. Esto también es verdad en cuanto a usted, amigo oyente; pero Cristo nunca cedió.

Una línea de pescar diseñada para soportar 5 kilos de peso, se romperá cuando se la someta a un tirón de 15 kilos. Una línea de 50 kilos puede aguantar más que una línea diseñada para 10 kilos de presión. Nosotros somos como la línea de pescar de 5 kilos; pero Él, es como esa cuerda de 50 kilos o más.

                                                                                               Enseñanzas sobre Mateo
                                                                                                    por J. Vernon McGee