“Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos”.   Es el versículo clave del Evangelio de San Marcos que encontramos en el capítulo 10, versículo 45.

“Jesús vino”. Marcos arraiga esta frase en la profecía de Isaías y en la proclamación de Juan el Bautista. Jesús es presentado como el Siervo de Jehová. Esto da cumplimiento a la profecía de Isaías, capítulo 42, versículos 1 y 2, donde dice: He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones. No gritará, ni alzará su voz, ni la hará oír en las calles”. 

El estilo de Marcos es breve y brusco, pertinente y eficaz, corto y de lectura agradable. El Evangelio de Marcos es libre de toda verbosidad excesiva y va directamente al grano. Este es el Evangelio de acción y logro. Aquí Jesús no está adornado de palabras ni de narraciones, sino que está ceñido por la acción.

Marcos está escrito en un estilo simple. Está diseñado para el hombre de la calle. Es interesante notar que la conjunción copulativa “y” aparece más que cualquier otra palabra en el Evangelio. Se repite unas 1331 veces. Puede ser que la retórica moderna considere que el mucho uso de esta palabrita no sea buena gramática; sin embargo, no hay palabra que transmita la acción como lo hace esta palabra.

Marcos escribió este Evangelio en Roma evidentemente para los romanos. Los romanos eran muy activos y aprobaban el poder y la acción. Ellos querían saber la respuesta a esta pregunta: ¿Es poderoso Jesús para hacer el trabajo? Este Evangelio es lo suficientemente breve como para que un hombre que esté muy ocupado lo pueda leer. Se cita pocas Escrituras del Antiguo Testamento, y se explica las costumbres judías, lo cual da prueba adicional de que fue escrito para extranjeros.
 

Editado de las enseñazas sobre Marcos
por J. Vernon McGee