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LA BATALLA DE LOS DIOSES

 

Pues yo pasaré aquella noche por la tierra de Egipto, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, así de los hombres como de las bestias; y ejecutaré mis juicios en todos los dioses de Egipto.  Yo Jehová [Exodo 12:12].

 

Era el domingo después del día conocido como el V-J (Victoria en Japón, el día, usted recordará, cuando se suponía que la Segunda Guerra Mundial había terminado).  Yo era entonces un pastor, y escogí como mi tema "La guerra no ha terminado." El mensaje fue más actual de lo que yo pude haber soñado que sería. 

 

Sin embargo, yo no estaba hablando de un conflicto entre dos ejércitos usando dos diferentes uniformes. Yo no estaba hablando de ninguna manera de un conflicto físico sino de un conflicto espiritual, un conflicto acerca del cual Pablo escribe:

 

Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes [Efesios 6:12].

 

Y él lo expresó en su segunda carta a los Corintios:

 

Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne [2 Corintios 10:3].

 

Una lucha espiritual se está dando hoy, una lucha que está detrás de cada conflicto físico. Es aquello que de hecho fue responsable de la Segunda Guerra Mundial, fue responsable del conflicto en Corea, fue responsable del conflicto en Vietnam. Y ha sido la causa de cada guerra desde el día que Abraham descendió a liberar a su sobrino Lot de las ciudades de la llanura.

 

Esa lucha espiritual es responsable de aquello que en la actualidad se califica como motines raciales en Estados Unidos, en Inglaterra, en África del Sur, y en muchos otros países del mundo que en verdad no son un conflicto entre blanco y negro o entre derechos civiles y abusos civiles.

 

Existe un conflicto espiritual detrás de cada conflicto físico en la actualidad. Y este conflicto espiritual es entre luz y tinieblas, entre bien y mal, entre el cielo y el infierno.  Últimamente es un conflicto entre Dios y Satanás.

 

Se inició antes que el hombre fuera creado; y continuará en ésta tierra aún después que la iglesia sea llevada. El conflicto es de proporciones tan insospechadas que el hombre no puede comprender; es más profundo y más ancho que ésta tierra. Es súper colosal; es hipercósmico; es extra-mundano. Es titánico, gigantesco, volcánico, si usted quiere.

 

Extracto de La batalla de los dioses

por el Dr. J. Vernon McGee

 

 


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