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Eso tenía un antecedente, y un significado local en aquel día. En Laodicea, ellos se encontraban en un lugar como una planicie, digamos, aunque es una zona montañosa. Pero se encuentra en un gran valle. Las montañas frigias se encuentran en la distancia hacia el sur, y están a las puertas de Frigia; y Laodicea y Colosas se encuentran en una localidad bastante fuera de lo común. Ya que ellos estaban ubicados en el valle tenían dificultades en obtener agua. Cuando uno visita esas ruinas, puede mirar al sur esas montañas frigias, y algunas de ellas son bastante elevadas. En el mes de junio, aún se puede ver montañas con nieve en su cumbre. Los habitantes de Laodicea, pues, construyeron un acueducto para bajar de la montaña esa agua fría, y utilizarla en la ciudad. Cuando esa agua salía de la montaña, por supuesto, era un agua sumamente fría. Pero para cuando llegaba a Laodicea ya era agua tibia, y el agua tibia no es algo muy bueno, que digamos.

De modo que, cuando el Señor le dice a esta iglesia de Laodicea: Que ni eres frío ni caliente, ellos sabían exactamente de lo que Él estaba hablando. Ellos eran tibios, y habían estado bebiendo agua tibia por mucho tiempo. El agua que venía de las montañas, cuando salía de allí, era muy fría, y el agua que venía de las termas del Río Meandro era muy caliente, pero cuando llegaba a la ciudad, no era ni fría ni caliente, sino que era agua tibia para ellos, y era algo que enfermaba de veras. El agua tibia enferma aún hoy. Es necesario poner un poquito de hielo en el agua, o lo bebe como agua caliente. Pero agua tibia no es algo bueno. El Señor Jesucristo dijo que esta iglesia no era ni fría ni caliente: Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.

Una iglesia fría era en realidad una iglesia que lo había negado todo doctrinalmente. Se había entrado al formalismo; estaba funcionando en oposición a la Palabra de Dios y al Evangelio de Cristo. Uno encuentra esto en el liberalismo del presente. Ellos se encuentran en una posición de activa oposición al Evangelio del Señor Jesucristo. Luego tenemos la iglesia caliente que nos habla de aquéllos que sienten una pasión espiritual ferviente. Era como esos creyentes de Éfeso que estaban apartándose de su primer amor. Ah, el Espíritu de Dios les había llevado a una posición muy elevada en su relación personal con Cristo.

Pero esta iglesia tampoco era caliente. Ni era fría. Era sencillamente tibia. Entre esas posiciones de la caliente y la fría tenemos esta fe tibia. Diría yo que éste es el cuadro de muchas, pero muchas iglesias en el día de hoy. Muchas grandes denominaciones que se han apartado de la fe, y muchas iglesias en estas denominaciones, y fuera de ellas, tratan de mantener una posición media. No quieren salir abiertamente en apoyo de la Palabra de Dios, y de las grandes doctrinas de la fe cristiana, pero al mismo tiempo no quieren ser conocidas como iglesias liberales. Hay otros que gustan de andar bien con ambos lados. Conozco a ciertas personas que hacen esto. Algunos son lo que yo llamaría extremistas en ambas direcciones. Algunos han llegado a ser fundamentalistas en extremo; otros han llegado a ser liberales en extremo. Hay muchos que tratan de estar en los dos lados de la corriente, y esa es una condición que es prácticamente imposible, y esto es lo que hace que el Señor Jesucristo diga que le enferma. Y dice francamente aquí: Te vomitaré de mi boca.

A mi juicio, éste es el andar en medio del camino, tomar una posición hipócrita, teniendo un nombre de que viven, pero están muertos. Que tienen apariencia de piedad, pero niegan la eficacia de ella; a estos—dice la Escritura—evita. (2 Ti. 3:5)

En el principio el protestantismo, en realidad, creía todas las grandes doctrinas de la fe cristiana. Todos los credos de todas las grandes denominaciones son maravillosos. La confesión de fe de Westminster, repudiada en su gran mayoría por la iglesia que lo creó, también es algo maravilloso. Hay otras confesiones de otras iglesias, que son maravillosas, pero, ¿quién las está siguiendo? ¿Quién las cree en el presente? Tienen apariencia de piedad, pero niegan la eficacia de ella. Tienen un nombre de que están vivos, pero están muertos en realidad. No son ni fríos ni calientes. Son tibios.

Esta es la posición de la iglesia en el presente. Desafortunadamente, es la condición de muchas así llamadas iglesias fundamentales, conservadoras el día de hoy. Gracias a Dios que no hay muchas que entran en esa clasificación. Pero lo que es realmente sorprendente y terrible es que Él dice: Te vomitaré de mi boca. ¿Le parece a usted, que Él se está refiriendo aquí a una iglesia a la cual Él va a sacar de esta tierra? Él dice: Voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis. (John 14:2-3). No creo que Él se esté refiriendo a esta iglesia aquí, porque Él quiere atraer a la iglesia hacia Sí Mismo. Pero aquí Él dice que a esta iglesia la va a vomitar, porque es tibia. El agua tibia, le hace enfermar a uno del estómago. Pienso que, si Él tuviera que hablar a muchas iglesias y a muchos creyentes hoy, Él les diría a muchos que le hacen enfermar del estómago. “Tú profesas ser cristiano hoy, tú dices que me amas, tú dices estas cosas, pero no son una realidad”.

Este es un mensaje que debe hacernos analizar nuestro propio corazón, porque estamos viviendo en una hora similar a la que vivía la iglesia de Laodicea. También la iglesia de Filadelfia, ambas están lado a lado, y existe una gran separación en la cristiandad del día de hoy. Eso no se encuentra en las denominaciones; no es ni romanismo ni protestantismo. La gran separación está hecha por aquéllos que creen en la Palabra de Dios, y la siguen y la aman, la obedecen; y aquéllos otros que la rechazan completamente. Ésa es la línea divisoria del día de hoy.

Editado de Apocalipsis: Un comentario*

Por el Dr. J. Vernon McGee

 

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