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Hay una tremenda influencia ejercida por la vida de un individuo.  Y la influencia es más impactante si va en la dirección equivocada.  La historia lo confirma.  Adán pecó y su pecado ha afectado la raza entera de la humanidad.  Acán pecó, y como resultado, una nación entera fue derrotada.  El pecado de Roboam  dividió el reino de Israel.  El pecado de Ananías y Safira trajo el primer defecto a la iglesia primitiva, y desde aquel día la iglesia no ha sido tan potente como era en el principio.  Usted y yo tenemos influencia, por bien o por mal. No importa quien sea, usted ocupa una posición de influencia. “Porque ninguno de nosotros vive para sí, y ninguno muere para sí.” (Romanos 14:7).  Amigo mío, todos somos predicadores.  Usted predica a los a su alrededor por la vida que vive.

Yo personalmente creo que el hacedor de buenas obras, el que se jacta de su vida moral aparte de Dios, es el detrimento más grande.  En realidad ése es un impedimento; bloquea el camino a Dios porque su mensaje es “Viva como yo vivo.  Yo vivo sin Dios.  Solo hago lo bueno.”  No hay nada más mortífero.

Usted es predicador, sea quien sea.  Puede ser en un círculo muy pequeño, pero está afectando a alguien.  Usted es predicador en su propia casa.  Me recuerda a un padre que guardaba una jarra de whisky escondido en su granero.  Solía ir cada mañana al granero y tomarse un trago.  Una mañana nevosa salió al granero como de costumbre, pero esta vez escuchó alguien detrás de él.  Dio vuelta y descubrió su hijito siguiéndole, caminando en las huellas que él había dejado en la nieve.  El padre le preguntó “¿Qué haces hijo?” El niño contestó “Estoy siguiendo tus pasos.”  Mandó que el niño regresara a la casa, fue al granero y rompió esa jarra de whisky.  Se dio cuenta de que no quería que su hijo siguiera sus pasos.  Alguien en su casa sigue los pasos de usted.  “¿A dónde se lo lleva­­?

Puede que usted influya a un círculo amplio de la sociedad humana.  Puede que tenga influencia en su vecindario y en su comunidad.  Tiene influencia en su escuela dominical.  Alguien está viéndolo y mirando para ver si usted toma en serio su relación con Dios  ¿Asistir a los cultos de su iglesia le significa algo más que pasar por un restaurante de comida rápida?  ¿Su vida declara que hay un cielo que ganar y un infierno que evitar?  Usted tiene influencia.

Recuerda que Pedro predicó un sermón poderoso en el Día de Pentecostés.  Andrés se quedó en la sombra y pudo decir ¨Ese es mi hermano.  Lo llevé a Cristo.”  Eso fue la influencia de Andrés.  Usted, hoy, ¿está dirigiendo hombres al cielo o al infierno?  Pues si usted quiere ir al infierno, es asunto suyo, pero no tiene ningún derecho de llevar a un niño allá.  No tiene ningún derecho de llevar a su familia y los a su alrededor allá.  Aunque usted quiera ir, ¡Es terrible el guiar a otros de esa manera! Tenemos influencia y “un pecador destruye mucho bien.”  Considérelo.

                                                                                    De Mensajes editados sobre Eclesiastés

                                                                                                Por Dr. J. Vernon McGee

 

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