Nehemías tenía un buen trabajo en Susa, la capital de Persia. Trabajaba en el gobierno: era el copero del rey. El copero era la persona que tenía como función probar todas las comidas que se traían ante el rey; como un vaso de vino. Él bebía algo, y si no caía muerto o enfermo, entonces, el rey podía beber del mismo. Era un trabajo bastante peligroso como bien podemos apreciar. Podemos decir que Nehemías tenía un puesto político, aunque él era un laico.

En cierta ocasión, Nehemías vio a uno de sus hermanos que había regresado de Jerusalén. Cuando lo vio en el palacio, se detuvo junto a él y le preguntó cómo andaban las cosas por Jerusalén. Este hombre le contó que las cosas estaban en una situación terrible, que había mucha aflicción, que la gente de Dios estaba destituida. Y este hombre Nehemías se arrodilló entonces allí mismo en el pavimento y comenzó a llorar, y luego comenzó a ayunar y a orar. 

Vimos que Esdras, un sacerdote, se sentía comprometido con lo que estaba ocurriendo. Aquí tenemos a Nehemías, un laico que también se siente comprometido. Y nos preguntamos si aquellos que se ponen a criticar las cosas ¿se sienten verdaderamente envueltos en lo que está pasando? Nos preguntamos si aquellos que pretenden mostrar interés ¿si ellos realmente lo sienten como algo que les concierne en realidad? ¿Qué es lo que realmente hacemos nosotros por la causa de Cristo en el día de hoy? Podemos decir que en cierta forma estamos pasando por momentos difíciles. ¿Estamos nosotros interesados de veras en esto?

En el primer capítulo de Nehemías, leemos la oración de Nehemías por el remanente en Jerusalén y su confesión. El fracaso había sido causado por el pecado. Él dijo en su oración: Yo y la casa de mi padre hemos pecado. Él no se siente como un fariseo mirando desde afuera y satisfecho consigo mismo.

Él tomó su posición con la gente; con los que habían pecado. Él pudo haberlos criticado; pero no lo hizo. Él no es una persona que critica a los demás.

En nuestros días tenemos demasiadas palabras y nos faltan lágrimas. Hay demasiadas cosas duras y nos faltan corazones tiernos. Usted no es mensajero de Dios si el mensaje no le parte su propio corazón. Nehemías tenía mucho interés en lo que ocurría. Él no criticaba, él más bien oraba. No es obrar y orar sino orar y entonces obrar. Ese era su lema.

Nehemías estaba dispuesto y quería ser usado por Dios, y Dios escuchó su oración. Nehemías tenía un cargo muy importante en la corte del poderoso rey de Persia, Artajerjes. Pero su corazón estaba con el pueblo de Dios en Jerusalén, y con el programa a desarrollarse allí para Dios. Podía haber permanecido en la capital del reino ya que era un hombre bueno, honrado, honesto. Pero él nunca habría aparecido en el Libro de Dios, o habría sido usado por Dios si hubiera permanecido en esa posición.

- Editado de Mensajes sobre Nehemías por J. Vernon McGee

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