“Mi niñez la recuerdo estar en nuestro humilde hogar escuchándolos a ustedes capítulo por capítulo, y a mi madre haciendo un esfuerzo, dentro de todo su quehacer y su trabajo, un poquito de tiempo para escucharlos y estudiar la Biblia. Eran nuestros primeros años en el Señor y no sabíamos mucho de doctrina, ni ningún estudio bíblico. Pero aun en medio de nuestra necesidad, ignorancia y pobreza, el Señor los usó y despertó en nosotros – en mi madre y en mí – un deseo y la motivación por estudiar la Palabra del Señor, y por prepararnos y ser usados en el servicio a nuestro Dios.”