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En el Salmo 103, el rey David escribió: “Bendice, alma mía, a Jehová, y bendiga todo mi ser su santo Nombre.”

Una joven oyente del programa A Través de la Biblia en el idioma Tigrinya en Eritrea, África compartió el mismo sentimiento. Ella escribió:

“Bendeciré al Señor con toda mi alma. ¡Bendeciré al Señor y su santo nombre para siempre! ¡Porque Él ha salvado a mi familia y nos ha sacado de la tristeza y la ruina! Solo tengo 16 años, pero soportaba una carga pesadísima porque mi padre rechazó a mi madre y a mis cuatro hermanos y hermanas. Papá nunca ganó mucho dinero, sino que bebía y apostaba con amigos después del trabajo. A menudo no regresaba a casa por días. Mi madre se quedó con la responsabilidad de estirar la pequeña cantidad de dinero que nos dio para asegurarnos de que tuviéramos suficiente para comer y un hogar para vivir. Pero lo más importante, cada noche nos obligaba a sentarnos alrededor de la mesa para escuchar sus programas. Al final de cada programa, orábamos para que nuestro padre viniera y se uniera a nosotros alrededor de la mesa y escuchara la Palabra de Dios. Orábamos por Él con gran entusiasmo.

“Aunque tomó algunos años, Dios contestó nuestras oraciones! Ahora quiero gritar a todos que sé que ¡Dios está CON NOSOTROS! ¿Cómo no podemos alabar su nombre? Hoy mi papá escucha con nosotros y ha ocurrido un cambio notable en nuestro hogar: hay amor y colaboración entre mi mamá y mi papá, y Dios provee todas nuestras necesidades básicas. No somos ricos, pero somos muy felices. Por favor continúen transmitiendo la Palabra de Dios. Hay muchos otros que necesitan su esperanza y amor ".
 
Sí, ¡Dios está con nosotros! Él escucha nuestras oraciones.

Tengamos en cuenta que la oración no es nuestra manera de hacer que Dios haga lo que queramos. Es bueno que el papá de esta joven esté en el hogar con su esposa y sus hijos. Es bueno que haya paz y harmonía entre él y sus familia.  Sin embargo, lo más importante es que los pecados del papá sean perdonados y que él sea transformado en una nueva criatura.

Eso es el poder del evangelio.