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Amós era un muchacho del campo, rústico, un ranchero. Pero no permita que eso le engañe a usted. Este hombre Amós poseía el más grande panorama mundial entre todos los profetas. Eso que a usted no le guste la forma en que él viste o de donde él procede, no piense que él es un tonto. Este hombre tiene un mensaje, un mensaje ecuménico y un punto de vista de largo alcance. Escúchelo:

JEHOVÁ me tomó de detrás del ganado, y me dijo: Ve y profetiza a mi pueblo Israel. (Amós 7:15)

El seminario de Dios estaba en la soledad del desierto. Allá es donde Dios desde el principio ha entrenado Sus hombres. Recuerde que cuando Dios llamó a Abraham, éste era un mañoso de la ciudad de Ur de los Caldeos. Y Dios lo trajo a un desierto cerca de Hebrón. Ese era un lugar donde un hombre podía estar a solas con Dios. Fue ahí donde Abraham erigió su altar a Dios. El desierto parece ser el campo de entrenamiento divino.

También Moisés quien creció en un palacio, fue educado en la más grande universidad en su día, la universidad del Sol, la cual se compararía favorablemente con nuestras universidades modernas. Pero con toda su educación y logros, Dios no lo podía usar. Así que lo envió a lo remoto del desierto de Madián y le dio un curso de 40 años. Allá es donde Dios lo entrenó.

David, un joven pastor, fue traído como un músico al palacio del Rey Saúl. Pero Dios no podía dejarlo ahí para ser educado. No podía usar a David, quien se había suavizado como resultado de su vida en la corte real. Dios usó los celos del rey para forzarlo hacia las despobladas montañas y solitarias cavernas de una existencia desértica. En un ambiente tal Dios entrenó a Su rey.

Juan el Bautista estuvo en el desierto hasta su aparición a la nación. El Apóstol Pablo, después de su conversión, se fue al desierto de Arabia donde Dios lo entrenó. El Apóstol Juan fue puesto en la isla de Patmos así Dios podía darle el Libro de Apocalipsis. Tal es el método de Dios con sus hombres.

En el desierto Dios llamó a Amós a predicar. Él le entregó un mensaje, luego lo envió a Betel para entregar Su Palabra a Israel.

Cuando Amós llegó a Betel, yo creo que las personas en la calle intercambiaban sonrisas. Para entenderlo en nuestro contexto, digamos que usaba corbata por la primera vez, y todo el tiempo se la estaba aflojando porque nunca había usado corbata. Pero cuando uno sube a Betel, tiene que usar corbata, usted bien lo sabe. Cuando el comité del púlpito se entrevistó con él, estaban avergonzados. Habían escuchado que él era un gran predicador, pero no esperaban que fuera tan rural. Todos estaban avergonzados excepto Amós. Él había subido para entregar el mensaje de Dios, y él lo entregaría.

Editado de la enseñanza del

Dr. J. Vernon McGee sobre Amós