Jehiel Ortiz, Colaborador RTM

República Dominicana

Acerca de sí mismo, Jehiel dice:

Soy dominicano. Nací en un hogar cristiano donde, desde niño, mis padres me inculcaron los valores y principios bíblicos. La Biblia siempre ocupó un lugar especial en nuestra familia y nuestro padre nos modeló el cristianismo bíblico. Luego a los 16 años de edad, acepté a Cristo como mi Salvador. Desde noviembre de 2006 estoy casado con mi amada esposa Yicell y hemos sido bendecidos por Dios con dos hijos: Laura Isabel y Luis Eduardo. Tengo una licenciatura en Publicidad y he realizado varios cursos y diplomados relacionados a mi carrera.  

En la iglesia donde crecí, trabajé en todos los diferentes departamentos, (niños, adolescentes, jóvenes, jóvenes adultos, escuela dominical, parejas, ministerio de adoración de jóvenes, etc.) llegando a ser Diacono en dicha la iglesia.  

En mi iglesia actual, La Iglesia Bautista Internacional, colaboro junto a mi esposa con los Jóvenes Adultos en un ministerio que se llama “M-Aquí” y en el departamento de traducción los domingos. 

Comencé siendo productor del programa Entre Jóvenes alrededor del año 2003, si la mente no me falla. Me hicieron la propuesta de realizar este programa, pues a través de un miembro de la junta, mi nombre sale a relucir por mi pasión por la radio y por trabajar con jóvenes. Esta etapa concluyó en el año 2015-2016, cuando iniciamos el proceso de buscar a otra persona que produjera y condujera el programa. Esto se logró a mediados del 2017, cuando justamente en ese mismo año pasé a ser un misionero/colaborador de RTM a tiempo completo en Santo Domingo, República Dominicana.  

Elisa Keefe, Directora del Ministerio Hispano de RTM en los Estados Unidos

Estados Unidos

Elisa cuenta...

"Crecí en Charlotte, Carolina del Norte, en una familia que asistía una iglesia donde no se predicaba el Evangelio. Pensaba que era cristiano hasta el día que un amigo en la universidad (¡un musulmán!) me explicó la Trinidad. Aquel día me di cuenta de que no creía lo que creen los cristianos y que yo no era cristiana.

Por más de 20 años, vacilaba entre el deísmo, el ateísmo y el humanismo. Llegué al punto en el que no me importaba si Dios existía o no. Entonces, un día mi mundo se estremeció cuando un cristiano audaz me explicó el Evangelio en su totalidad y me desafió a considerarlo. Dios, en su infinita misericordia y sabiduría, me salvo. Ahora comprometo mi vida a servir al Señor y alcanzar a otros con el Evangelio."

Annabel Torrealba, Gerente de programación

Estados Unidos

Desde muy pequeña quería conocer a Dios. Así que pedí a mis padres poder ir a la iglesia sola porque ellos nunca iban. Comencé a asistir a la iglesia tradicional en Venezuela. Pero algo faltaba. Tenía que repetir frases que no tenían sentido para mí. Pero, hablaba con Dios todos los días. Un día casi finalizando la escuela secundaria, iba con mis amigos camino a casa, uno de ellos estaba hablando de Dios y me preguntó ¿Crees en Dios?

Para ese tiempo me encontraba entre pensamientos contradictorios, quería conocer a Dios, pero no sentía que Él estaba cerca, así que le dije "No. No creo". Y agregué,  "si realmente Dios existe, tiene que hacerse real". Un año después, un grupo de misioneros visitó nuestro vecindario y mi hermano fue a escucharles. Me invitó a ir con él y fui. Un grupo de jóvenes y adultos estaban hablando acerca de Dios. Un día uno de ellos nos reunió y nos explicó que no podemos ir al cielo si tenemos pecados, porque el pecado nos separa de Dios. Nos dijo "Si mueres hoy ¿Crees que irás al cielo?" Después de entender por primera vez que era pecadora y lo que significaba la palabra pecado, la respuesta en mi mente fue "No. No iré al cielo". Entonces él oro con nosotros y ese día puse mi fe en Jesucristo quien murió y resucitó para salvarme.

Desde ese momento mi vida comenzó a tener sentido y tiempo después le dije a Dios que le daría mis mejores años para servirle y compartir con otros este mensaje de esperanza. He estado involucrada con Radio Trans Mundial desde el año 1993 y ha sido el medio principal que Dios ha usado para permitirme usar mis dones y talentos. ¡Qué gran privilegio!